domingo, 16 de octubre de 2016

Decepcionante hallazgo arqueológico en las ruinas de Lucentum en 1868

Periódico "El Museo Universal". Publicación de tirada  nacional, especializada en ciencias, literatura, artes, etc.. . En su numero 24  publicado el 13 de junio de 1868, recoge una interesante y simpática anécdota que les aconteció a dos ilustres vecinos de la ciudad de Alicante, que a lomos de sus sendos caballos acudieron a visitar las maltrechas ruinas de Lucentum, e hicieron un inesperado hallazgo arqueológico. El cual transcribo a continuación. 



-- Antiguas crónicas aseguran que en estos lugares fue donde, en los pasados tiempos, hallábase asentada Alicante, llamada Lucentum por los romanos. Aqui, donde nada queda mas que ese charco de aguas no muy salubres, levantariase tal vez sobre esa pequeña eminencia existiria algun anfiteatro, y mas allá un arco de triunfo; aquí, habría plazas y pórticos famosos, y la vía publica atravesaría por medio de la población, proveniente de Tarragona, ostentando de trecho en trecho las utilisimas piedras milenarias, ya usadas por los griegos. Y que todo cuanto diciendo estoy, no son meras figuraciones mías, sino que pudo muy bien haber sucedido, lo prueba el que en las excavaciones hechas en estos lugares, hánse encontrado multitud de monedas y de otros curiosisimos objetos, delicia de los anticuarios. Pero.....- y al decir este pero quedo suspenso el orador con los ojos fijos en un punto determinado.. --¿ Ves, dijo al cabo de un momento, el objeto aquel que medio oculto entre las ruinas de ese paredón se muestra?..
--¿ Quien sabe , continuó él, si la suerte nos tiene deparado para este dia algun hallazgo feliz ? ¿ Que alegría no fuera la nuestra si hubiésemos hoy, sin esfuerzo alguno de nuestra parte, topado de buena a primeras con alguna de las preciosas antigüedades de que ahora mismo te hablaba ? ¡ Que bueno fuera tropezar, como quien no dice nada, con algun idolo fenicio, con algún vaso etrusco, o con algun de aquellos otros vasos llamados crateras, o con alguna ánfora romana, o con alguna lampara de nueva forma, que hiciese afluir a todos nuestros amigos, deseosos de examinarla, al gabinete en que la colocasemos¡ 
Zumbón en grado superlativo pareciame que estaba el señorito R.; pero si era zumba; la verdad es que supo llevarla formalmente hasta el ultimo estremo, porque bajo de su caballo y extrajo de entre las ruinas, con el mayor cuidado posible, el ídolo fenicio, el etrusco, la cratera, la ánfora romana y la lampara y la lampara de nueva forma que, como yo habia presumido era únicamente un pedazo de lebrillo roto, manufactura de Tibi, pueblo de la provincia.
Mordiendose aquellos sus labios elocuentes,  volvió a montar a caballo mi ilustrado amigo, y volvimos a tomar el camino de la ciudad, a la que regresamos en breve, sin que me dirigiese una sola palabra mas, ya fuera porque el pasado chasco realmente le apesadumbrara, o bien, y es lo mas probable, porque tuviera ya seca la garganta.
                                                                           ANTONIO CAMPOS Y CARRERAS.
                                                                               

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